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Agua y otras bebidas

Agua, alimento indispensable

   La vida humana no puede concebirse sin agua. Una persona que pese 75 kilogramos tiene en su organismo aproximadamente 50 kilogramos de agua. El papel que este elemento tiene en el organismo es triple:

1- Las células están constituidas, en primer lugar, de agua, en la cual se hallan en solución o suspensión otros elementos orgánicos.

2- Siendo uno de los ingredientes fundamentales de la sangre y de la linfa, el agua disuelve y transporta hacia las células los elementos nutritivos, retirando, al propio tiempo, los productos de desperdicio.

3- Por sus propiedades físicas, puede almacenar muchas calorías sin que su temperatura se eleve sensiblemente. Su conductibilidad térmica, superior a la de cualquier otro líquido, facilita la homogeneidad térmica. Su elevado punto de evaporación (un litro de agua necesita 600 calorías para evaporarse), contribuye poderosamente a la regulación de la temperatura del cuerpo.

El agua se encuentra distribuida en el organismo del siguiente modo:

1- En forma de liquido intracelular, verdadera sustancia de los tejidos blandos: Unos 35 litros.

2- En forma de plasma, porción líquida de la sangre de la que se hubiesen separado los glóbulos rojos: Unos 3 litros.

3- En forma de liquido intestinal retenido entre las células, a la manera del agua retenida en las mallas de una esponja, que sirve de elemento de contacto entre la sangre y las células: Vienen a ser unos 14 litros.

   El plasma y el líquido intersticial representan el agua extracelular. Entre este agua y el agua intracelular hay una diferencia muy importante: prácticamente, el agua extracelular contiene todo el cloruro de sodio del organismo, mientras que el agua intracelular contiene sobre todo los fosfatos y el potasio. Las leyes que regulan el equilibrio de estos cuerpos a un lado y a otro de la membrana celular son bastante complejas, pero, esquemáticamente, podría decirse que todo aporte suplementario de sal, al disolverse en el agua extracelular, actúa a nivel de las células extrayendo agua de éstas y produciendo una cierta deshidratación.

   Cuando, por el contrario, el organismo pierde sal, el agua extracelular penetra en parte en el interior de las células aumentando la cantidad de líquido intracelular.

   El agua que se absorbe ha de compensar el agua que se elimina a través de diversos órganos: riñones, intestinos, piel, pulmones, etc.

   Las pérdidas de agua son muy variables. Sobre todo, por efecto de un esfuerzo intenso o a consecuencia de la temperatura exterior, aumenta la temperatura del cuerpo, el organismo se defiende aumentando la secreción de sudor, cuya evaporación consume 600 calorías por litro. Esta evaporación depende, asimismo, de los vestidos y de la humedad ambiental. En el desierto tropical, por ejemplo, la pérdida de agua por transpiración puede llegar a sobrepasar un litro por hora.

La sed

   Su mecanismo es bastante mal conocido. La sed puede ser general, como ocurre cuando la falta de agua en el organismo actúa sobre centros cerebrales reguladores. Pero también puede ser local, como ocurre cuando la disminución de la secreción salival engendra la sequedad buco-faringea y da sensación de sed.

   Para calmar la sed es necesario ingerir agua. El agua es aportada al organismo no sólo por las bebidas sino también por la mayor parte de los alimentos, pues casi todos la contienen, como, por ejemplo, los siguientes:

Pan 35 %

Carnes 70 %

Verduras y frutas 80 al 90 %

   Además del agua aportada por las bebidas y por los alimentos, hay otra agua denominada metabólica que se forma en el organismo, junto con el gas carbónico, como último resultado de la digestión de los alimentos.

   El aporte diario de agua varía según la cantidad de bebidas o de alimentos ingeridos y según el tipo de estos alimentos. Pero también varía su eliminación según la temperatura, el ejercicio efectuado y la cantidad de sal absorbida.

   Desde la boca al estómago, el agua pasa sin ser absorbida, llegando rápidamente al intestino. En el intestino es absorbida casi en su totalidad. En enfermos recién operados o que por sufrir vómitos no pueden tomar bebidas, la aplicación de enemas es suficiente para restablecer su equilibrio hidrico y calmar su sed.

   Entre los 20 y los 40 minutos, después de haber ingerido agua, ésta pasa a la sangre, que puede registrar una dilución del 5% o mayor, pero que raramente alcanza el 15 %. Al cabo de una hora o de una hora y media, la concentración sanguínea vuelve a ser normal por eliminación urinaria de toda el agua sobrante.

   La deshidratación no compensada con la ingestión de agua ocasiona una penosa sensación de sed que rápidamente se traduce en accidentes graves, tales como sequedad de las mucosas, calambres musculares, agotamiento físico, hundimiento de los ojos en sus órbitas, caída de la tensión arterial, hiperconcentración de la sangre, pérdida de peso y, finalmente, muerte, que se produce entre las 36 y las 72 horas.

   La deshidratación debida a exceso de transpiración comporta la pérdida de diversos elementos minerales y especialmente de cloruro sódico. El sudor contiene entre 2 y 4 gramos de sal por litro y esta concentración es mayor cuanto más intensa es la transpiración.

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   Cuando la atmósfera es seca y cálida, la pérdida de sal puede ser muy fuerte. Entonces sucede que la ingestión de agua no es suficiente para calmar la sed, pues, debido a la pérdida de sal, el agua no puede ser retenida en el cuerpo y es expulsada aumentando la transpiración, lo que produce una nueva pérdida de sal. Para evitar accidentes graves, lo que conviene en estos casos es administrar una sopa salada o cerveza salada, tal como se hace en las minas británicas. Por la misma razón, la Marina americana distribuye a sus elementos operando en el Pacífico tabletas de sal recubiertas de gelatina, con objeto de disimular su gusto. El peligro de accidentes por déficit hidrosalino puede producirse no sólo en terrenos tropicales, sino también en las minas, altos hornos, secaderos, alta montana, etc.

El agua como bebida

   La bebida ideal es el agua. Y, sin embargo, hay que hacer algunas advertencias acerca de ella: En primer lugar es indispensable que sea potable, es decir, prácticamente estéril. Hay que desconfiar de toda agua que no sea límpida e incolora. Las agua turbias o verdosas suelen estar contaminadas de residuos orgánicos.El agua de lluvia y el agua hervida no son recomendables ya que, por su pobreza en minerales, en lugar de alimentar al cuerpo, le robarían, a su paso, parte de los minerales que tanto necesita.

   En las regiones montanosas, cuyas aguas proceden directamente de los glaciares, su falta de minerales y especialmente de yodo, da lugar a hipertrofias glandulares (bocio).

   El agua demasiado mineralizado tampoco es conveniente, pues podría favorecer la formación de cálculos renales.

   También son peligrosas las aguas ricas en gas carbónico, pero pobres en sales alcalino-térreas y de reacción ácida, propias de terrenos primarios. En contacto con el plomo de las cañerías pueden dar lugar a intoxicaciones debido a la formación de sales de plomo solubles (carbonatos). Por la misma razón hay que evitar la imprudencia de conectar hilos eléctricos (derivaciones del aparato de radio o de la instalación eléctrica) a cañerías conductoras de agua, pues la acción de la corriente eléctrica puede facilitar la formación de sales de plomo.

   Las aguas minerales que llevan embotelladas a las ciudades no siempre son aconsejables. Algunas de ellas, ricas en minerales, constituyen verdaderos agentes terapéuticos. Su consumo prolongado puede hacer trabajar algunos órganos a un ritmo acelerado, cosa que siendo beneficiosa en una corta cura hidromineral, a la larga puede ser contraproducente.

   Una medida de sana prudencia consiste en no limitarse nunca a beber un solo tipo de aguas. Cuanta más variedad haya en la procedencia de las bebidas, menos peligro habrá de incurrir en déficit o excesos de los elementos que la constituyen.

Otras bebidas

   Entre las bebidas que suelen alternarse con el agua, hay que senalar a las siguientes:

   Café, té, bebidas a base de cola. No suelen tomarse para acompanar las comidas sino más bien como complementos estimulantes tomadas fuera de ellas.

   El café actúa esencialmente sobre el sistema nervioso excitándole y haciendo desaparecer transitoriamente la fatiga y la somnolencia. Esto es debido a la cafeina, de la que el café proporciona entre 100 y 200 miligramos por taza. Por tanto, la ingestión de 4 a 6 tazas puede ocasionar grave intoxicación, con agitación, temblores e insomnio.

   El té contiene unos 25 miligramos de cafeína por taza de 120 centemetros cúbicos. En cambio, contiene teína, que también estimula el sistema nervioso y el corazón.

   Las bebidas a base de cola tienen efectos similares a los del café y el té. Ninguna de ellas es recomendable.

   Leche. - Más que de bebida se trata de un alimento. Aun cuando se ingiera en estado líquido, al llegar al estómago se solidifica en forma de cuajarones bajo la acción de los jugos gástricos.

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   Un litro de leche contiene un valor alimenticio aproximado al que poseen 400 gramos de carne de buey, 250 gramos de pan o 700 gramos de patatas. Se asimila fácilmente, pero su riqueza en grasas no siempre es bien tolerada.

   Horchata y jugos de fruta. - Cuando se trata realmente de jugos obtenidos directamente de la fruta, hay que tener en cuenta que constituyen también un alimento rico en minerales, vitaminas y azúcares, que proporciona un determinado número de calorias.

   Cuando se trata de bebidas sintéticas no suelen consistir más que en agua, jarabe o esencias, edulcorantes, colorantes y gas carbónico. Son poco recomendables.

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