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Hidratos de carbono

Constitución química

    Los hidratos de carbono tienen una estructura muy simple, estando compuestos de tres elementos: carbono, hidrógeno y oxígeno. Se les clasifica en glúcidos directos e indirectos, según el número de sus moléculas:

   -Dírectos: Los azúcares, de fórmula simple y fácil absorción por el organismo.

   -Indírectos: Los feculentos (harinas), que sintetizan varias moléculas.

Valor energético

    Los hidratos de carbono proporcionan al organismo 4,1 calorías por gramo. Es aproximadamente la mitad de lo que proporcionan las grasas, pero los hidratos de carbono tienen sobre éstas la ventaja de que se pueden consumir sin riesgo de fatigar las funciones digestivas.

Necesidades diarias

   - Lactantes: 12 gramos por kilogramo de peso.

    -Niños: 3 gramos por kilogramo de peso.

    -Adultos: Inferiores a las del niño.

¿Son recomendables?

    Si. Por su fácil absorción, los hidratos de carbono constituyen el mayor aporte de calorías al organismo. En el adulto puede calcularse que un promedio de 1.500 calorías le son aseguradas por los hidratos de carbono que come. En realidad, esta cantidad depende de la constitución, la actividad y la tolerancia de cada persona.

 

Cuánto hay que comer

    Más importante que la cantidad es la calidad. Así, las harinas demasiado refinadas o blancas, son poco recomendables, ya que han sido privadas de la vitamina Bl, que es indispensable para la asimilación de los hidratos carbono. Las judías secas, aunque sean ricas en hidratos de carbono, son mal toleradas a causa de su riqueza en celulosa. En cambio, las lentejas y el arroz son hidratos de carbono excelentes, de asimilación relativamente fácil.

Quién debe comerlos

    Las personas frioleras, las que desempeñan gran actividad o ejercicios intensos, los deportistas, las personas con tendencia a la delgadez.

Quién NO debe comerlos

    Los diabéticos, las personas pictóricas, las sedentarias, las que padecen obesidad.

 

HIDRATOS DE CARBONO PROPORCIONADOS

POR DIVERSOS ALIMENTOS

 

Directos (Azúcares)

 

Azúcar de remolacha refinado

99,8

Leche condensada

54,8

Azúcar de leche (lactosa)

99,3

Leche en polvo

38,8

Azúcar de caña

98

Nísperos

24

Caramelos

79,5

Uva negra

23

Miel

75

Uva blanca

18

Higos secos

73

Granadas

16,2

Dátiles secos

72

Higos frescos

16,1

Uvas pasas

71

Peras

14,7

Ciruelas secas

70,7

Ananás (piña)

13,6

Melaza de azúcar

69,2

Ciruelas

13,4

Confitura

69

Guindas

13,3

Jalea

67,5

Manzanas

13

Orejones de albaricoque

67,2

Cerezas

12

Orejones de melocotón

63

Membrillos

11,4

Mandarinas

10,8

Melocotones

11,2

Naranjas

10,5

Frambuesas

11,1

Zumo de naranja

10,1

   

   La cantidad de azúcar de las frutas depende de su madurez, así como del agua que contienen. Cuanto más madura, cuanto más dulce, mayor es, naturalmente, su proporción de hidratos de carbono.

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Indirectos (Féculas-Almidones)

Almidón de maíz

86,6

Pan de maíz

43,8

Tapioca

86,1

Pan de avena

40,7

Almidón de arroz

85,2

Pan de cebada

39,9

Almidón de trigo

84,1

Caldo en cubitos

47

Fécula de patata

81,8

Guisantes secos crudos

45,9

Harina de trigo 1ª

79,5

Guisantes secos hervidos

18

Harina de trigo 2ª

78

Judias secas crudas

41

Harina de trigo integral

73,4

Judias secas cocidas

18,3

Harina de arroz

79

Castañas tiernas

40

Harina de cebada

76,2

Sojas

34,3

Castañas pilongas

75,3

Arroz hervido

31,1

Trigo

75

Boniatos

29,5

Arroz

74,7

Patatas crudas

17,5

Centeno

74,2

Patatas cocidas

154

Macarrones o fideos crudos

73,6

Patatas asadas

29:4

Macarrones o fideos cocidos

22

Patatas fritas

30,1

Maíz

70,7

Puré de patatas

16,3

Avena

65,2

Alcachofas

18,8

Lentejas crudas

58,4

Ajos

28,6

Lentejas cocidas

19,5

Cebollas

13

Garbanzos crudos

58

Piñones

29,2

Garbanzos cocidos

18,1

Cacao

20

Habas crudas

53,5

Plátanos

24

Habas cocidas

20,6

Almendras

18,5

Pan de Viena

55

Cacahuetes tostados

18,3

Pan blanco (de trigo)

53

Avellanas

18

Pan moreno (de trigo)

50,5

Coco

14,8

Pan integral (de trigo)

49,4

Nueces

13

Pan de centeno

47,9

MAS SOBRE HIDRATOS DE CARBONO

   -Su asimilación

    -Su combustión

    Para comprender cómo se produce la asimilación de los hidratos de carbono hay que examinar con cierta detención cada una de las tres fases en que se efectúa su metabolismo: bucal, gástrica e intestinal.

Fase bucal

    Reiteradamente se ha insistido en la importancia de masticar bien los alimentos. Si esto es importante por lo que a las proteínas y grasas se refiere, mucho más lo es cuando se trata de los hidratos de carbono.

    Con la masticación, no sólo se logra que los alimentos sean triturados por los dientes, sino que este trabajo mecánico es completado por la acción química de la saliva, en la cual se halla presente un fermento, denominado amilasa o ptialina (del griego ptyalon, saliva), que tiene la propiedad de empezar la transformación de los almidones en dextrina y maltosa.

    Aun cuando este proceso se logra, en general, en menos de un minuto, habitualmente los alimentos permanecen muy breve tiempo en la boca y la ptialina sólo puede ejercer su acción dentro de límites poco amplios.

    La verdadera importancia de esta fase es la trituración y la formación del bolo alimenticio, o sea la preparación de los alimentos para que puedan ser sometidos a la segunda fase.

Fase gástrica

    Cuando el bolo alimenticio llega al estómago, éste, que mientras estaba vacío permanecía quieto, comienza a efectuar movimientos gracias a la contracción de su túnica muscular, movimientos que van en aumento progresivamente a medida que la cantidad de alimentos ingeridos va siendo mayor.

    En virtud de estos movimientos, los alimentos quedan profundamente impregnados de jugos gástricos, que ejercen una acción química sobre los mismos hasta convertirlos en una especie de líquido más o menos espeso denominado quimo.

    Entre las sustancias de que está compuesto el jugo gástrico hay que senalar por su actividad, los tres fermentos o zimasas y el ácido clorhídrico, segregados todos ellos por distintas células del estómago. La acción de las zimasas puede resumirse diciendo que la pepsina transforma las proteínas en peptonas; la presura coagula la caseína de la leche, transformándola también en una especie de peptona, y la lipasa desdobla las grasas en glicerina y ácidos grasos.

    El ácido clorhídrico, aparte de su gran poder microbicida, tiene una importantísima misión, ya que sin su presencia, la propepsina o sustancia segregada por las células pépticas no se transformaría en pepsina y, además, ésta no actúa más que en un medio ácido, cosa que también ocurre con el jugo pancreático.

    La transformación de los hidratos de carbono en dextrina y en maltosa, en cambio, puede continuar en el estómago por efecto de la saliva que acompaña los alimentos, en tanto que la acidez del jugo gástrico no sea muy elevada. Poco a poco va elaborándose el quimo, cuyo contenido suele ser muy complejo toda vez que es una mezcla de saliva, jugo gástrico, keratinas, nucleínas, ácido láctico, dextrina, azúcares e hidratos de carbono y grasas todavía sin digerir.

    Antiguamente se creía que una vez elaborado el quimo, éste pasaba a los intestinos vaciándose el estómago de una sola vez. Hoy se ha comprobado que el estómago se vacía por pequeñas porciones y con grandes diferencias de tiempo. A grandes rasgos puede señalarse lo siguiente:

    -Los líquidos pasan al duodeno al poco tiempo de haber llegado al estómago, sobre todo si su temperatura es baja.

    -Los hidratos de carbono pasan al cabo de una hora o poco más.

    - Las proteínas, después de dos o más horas.

    -Las materias indigestas permanecen en el estómago mucho más tiempo, entre ellas las grasas que, además, disminuyen la secreción del jugo gástrico.

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Fase intestinal

    La digestión de los hidratos de carbono se verifica principalmente en el duodeno, por obra del jugo pancreático. El páncreas es un órgano que mide unos 15 centímetros de longitud, situado un poco detrás y debajo del estómago. Una de sus secreciones es el jugo pancreático, que desemboca en el duodeno y que contiene tres fermentos principales:

   -Trípsina, que transforma las proteínas en peptonas, completando la acción iniciada por la pepsina.

    -Esteapsina, que atacando las grasas que habían escapado a la acción de la lipasa, las desdobla en glicerina y ácidos grasos.

    -Amílasa, que actúa sobre las sustancias farináceas, transformándolas en dextrina y maltosa.

    Entretanto, los movimientos peristálicos del intestino delgado hacen progresar los alimentos. Hacia el intestino ciego, a la vez que los mezclan con otra importante sustancia: el jugo intestinal. Este es un líquido amarillento y viscoso, de reacción alcalina, que posee asimismo cuatro fermentos principales:

   -Invertasa, que obra sobre el azúcar de caña o sacarosa, no asimilable, transformándolo en glucosa y levulosa, sustancias que ya son asimilables.

    -Lactasa, que obra sobre el azúcar de leche o lactosa, no asimilable, transformándola en glucosa.

    -Maltasa, que obra sobre la maltosa (especie de azúcar resultante de la digestión de los almidones), transformándola en glucosa.

    -Enterocinasa, que obra sobre la protripsina segregada por el páncreas, transformándola en tripsina.

Asimilación y almacenaje

    La glucosa pasa a la sangre a través de las paredes del tubo digestivo y es conducida por ésta hasta el hígado. Las células hepáticas deshidratan la glucosa y la convierten en glucógeno, forma en que queda en reserva para ser liberado a medida que el organismo lo necesite, en cuyo caso, una diastasa que posee el hígado va hidratando el glucógeno y transformándolo nuevamente en glucosa.

    El cliente más exigente de este almacén es la sangre, que necesita, a toda costa, conservar una cifra de glucosa constante que sólo puede oscilar entre 1 y 1,1 gramos. Los músculos también consumen glucosa, aumentando sus necesidades en proporción al esfuerzo que tienen que realizar.

    El mantenimiento de las proporciones convenientes entre el glucógeno almacenado y la glucosa de la sangre se hace por un mecanismo regulador que depende del sistema nervioso. Si por alguna causa (desnutrición, enfermedad, producción excesiva de glucosa o pérdida por los tejidos de la aptitud de destruirla en cantidad suficiente) se rompe el equilibrio, se produce una hipo o una hiperglucemia (diabetes), con serios trastornos.

    En el metabolismo de los hidratos de carbono es de extraordinaria importancia la vitamina Bl. Cuando ésta falta, aparece un exceso de ácido pirúvico y de ácido láctico, pudiendo lesionarse los tejidos muscular y nervioso, las funciones digestivas, secretoras y motoras se perturban. Se produce anorexia, estreñimiento y edemas, y, en casos graves, se cae enfermo de beri-beri.

Combustión

    El hígado, almacenando glucógeno y elaborando glucosa, se comporta como una célula glandular. Sin embargo, no es el hígado el único lugar donde se deposita aquella sustancia: Los músculos poseen una función análoga. Pero mientras que la reserva del hígado tiene un carácter somático, la de los músculos es puramente local y destinada a ser empleada en el mismo músculo en el momento oportuno.

    Para que los músculos puedan quemar la glucosa que les lleva la sangre o la que tienen almacenada en sus fibras, necesitan una hormona denominada insulina, que es segregada por el páncreas. Gracias a esta sustancia, la glucosa puede ser transformada en energía.

    Pero para que sea transformada en energía, ha de producirse una combustión. Esto se logra gracias al oxígeno aportado por la sangre. Cuando los músculos se contraen, se produce una vasodilatación que .permite un gran aflujo de sangre. Al mismo tiempo todo el oxígeno aportado por esta sangre es consumido por el músculo junto con la glucosa, desprendiéndose, como residuo, anhídrido carbónico, ácido láctico y agua.

Importancia de los hidratos de carbono

    Cuando hay que desempeñar esfuerzos físicos considerables, las reservas de glucógeno deben ser mayores. Un deportista con reserva de glucógeno insuficiente carecerá de fondo, de resistencia. Normalmente hay en el hígado y en los músculos unos 300 gramos de glucógeno. Sin embargo, cuando una persona se somete a entrenamiento continuado para un ejercicio intenso, la cifra puede aumentar hasta 1.200 gramos.

    La importancia de los hidratos de carbono, a este respecto, es que permiten disminuir, en la ración alimenticia, el aporte de proteínas y de cuerpos grasos, de transformación mucho más dificil. Asegurar la energía necesaria para el funcionamiento vital de los diversos órganos y la actividad motriz y hacerlo sin riesgo de intoxicación, es el poder de estos maravillosos alimentos naturales que son los hidratos de carbono.

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