Soja
Composición por
100 gramos
Principios
inmediatos |
% |
|
Agua |
10 g |
Proteínas |
40 |
Grasas |
18 |
Hidratos de carbono |
22 |
Celulosa |
5 |
Cenizas |
5 |
|
Minerales |
% |
|
Sodio |
4 mg |
Potasio |
1.800 |
Calcio |
218 |
Magnesio |
241 |
Hierro |
1.1 |
Fósforo |
563 |
Azufre |
300 |
Cloro |
24 |
Cobre |
0,9 |
Manganeso |
4,1 |
Cinc |
2,9 |
Yodo |
0,2 |
|
Vítaminas |
|
Vitamina A |
130 U.I. |
Vitamina Bl |
0,9 mg |
Vitamina B2 |
0,3 |
Vitamina PP |
1,2 |
Vitamina K |
0,2 |
Vitamina C |
indicios |
Vitamina E |
indicios |
Acido pantoténico |
indicios |
Calorías
El poder energético de la soja es elevado: 374 calorías por cada
100 gramos.
Si se considera que la carne no alcanza las 300 calorías, se
comprenderá por qué los japoneses llaman a la soja la carne sín huesos.
Qué son las sojas
La soja es una planta de la familia de las leguminosas, que también
se denomina soya, poroto soya, judía oleagínosa y guisante chino.
La variedad más cultivada en Oriente es la soja hispida. Las
más conocidas en nuestro país son:
- Borzió síciliana, de semilla amarilla. Piamontesa o bonafous, de
semilla verde.
- Virginia, de semilla aceitunada.
- Pekinge Wílson, de semilla negra.
- Nepal, de semilla brillante.
Desde el punto de vista nutritivo, la soja es el alimento más
completo que se conoce. Un kilogramo de harina de soja contiene tanta proteina como 77
huevos, 17 litros de leche o 2,5 kilogramos de carne.
Quién puede comerlas
Prácticamente, todo el mundo, pues no tiene contraindicación
alguna.
Además de contener enzimas, la soja es rica en glicina, del grupo
de las globulinas, que constituye el 90 % de sus proteínas. Estas protelnas pueden
rivalizar con las de origen animal, pudiendo reemplazar de un 20 a un 25 % los alimentos
animales sin que el valor proteico del menú sea modificado. Por esta razón, las sojas
son una gran ayuda en la dieta a seguir después de grandes hemorragias, cuando hay exceso
de exudados y trasudados (punciones para extraer líquidos), en los períodos que siguen a
la caquexia y a diarreas crónicas (disentería, tifus y paratifus), así como después de
intervenciones quirúrgicas importantes, grandes quemaduras, supuraciones, etc.
Es también recomendable la alimentación a base de sojas cuando
existen lesiones celulares en el hígado, durante el embarazo, en el período de
crecimiento, en los regímenes para enfermos de estómago e intestinos, en la dieta senil
y, en resumen, en todos los casos en que se requiere un mayor aporte proteico.
Al no contener gluten ni lactosa y ser muy pobre en almidón, la
leche de soja es un alimento idóneo en los trastornos infantiles por intolerancia a
aquellas sustancias, que a veces obliga a suprimir incluso la leche materna. También es
recomendable en la alimentación del diabético.
Cómo pueden comerse las sojas
Es uno de los alimentos que permiten más variedades de
preparación, siendo todas ellas agradables y sanas.
Vamos a señalar alguna de estas formas de presentación, sin entrar
en las fantasías gastronómicas que se pueden efectuar mediante las sojas, tanto al
entrar en combinación con otros alimentos a los que aumenta el poder nutritivo, como
constituyendo el ingrediente casi único del menú, toda vez que puede afirmarse que es
posible preparar un menú en el que todos los platos, desde los entremeses al café,
estén constituidos únicamente por sojas y sus derivados.
a) Soja en grano
Los granos de soja, cuyo aspecto son un intermedio entre los
guisantes y las judías, son la forma más conocida de las sojas. Los granos constituyen
también la forma natural y mejor de conservarlas.
Cocinadas las sojas como si fuesen judías blancas, son de fino
paladar y mucho mejor toleradas que éstas, tanto por el estómago como por los
intestinos.
b) Granos tostados
Ligeramente tostados, los granos de soja pueden sustituir los de
cacahuete, en platos de repostería.
Para obtener unos deliciosos granos tostados para comer a la hora
del aperitivo, se preparan los granos de soja poniéndolos en remojo por la noche. Poco
antes de la hora de comerlos, se escurren y se ponen a tostar en una sartén hasta que
queden dorados. Unos momentos antes de sacarlos del fuego, se les echa una cucharadita de
aceite y media cucharada de sal. Se deben comer mientras están calientes.
Con un tostado intenso, las sojas pueden proporcionar un sucedáneo
del café.
c) Granos germinados
Las sojas permiten disponer de verdura fresca, todo el año,
obtenida en casa.
Para ello se necesita un bocal de los que se utilizan para conservas
(anchoas, etc.). Se disuelve media cucharadita de cloruro de calcio en 4 litros de agua.
Se pone un litro de esta solución en el bocal y se guarda aparte el resto.
Se echan en el bocal 200 gramos de soja y se dejan en maceración
durante la noche. Al día siguiente, se enjuagan bien en agua limpia, se vacía el bocal y
se vuelven a colocar en él las sojas una vez escurridas.
Se tapa el bocal con un trozo de muselina, que se sujeta bien con un
cordel al cuello del bocal. Se da vuelta al bocal y se deja descansar sobre dos trozos de
madera, para que pueda escurrirse el agua que haya quedado.
Se guarda así el bocal en un lugar oscuro o tapándolo con una caja
de cartón, para que no le llegue la luz.
Cada mañana, sin tocar la muselina, se llena el bocal de agua
limpia para que se mojen bien los granos de soja, vaciándolo seguidamente y dejándolo
boca abajo de nuevo.
Cada noche se hace la misma operación pero con el agua en la que se
diluyó el cloruro de calcio, cuyo objeto es impedir que se formen mohos.
Si las sojas no son demasiado viejas o de mala calidad
cuadruplicarán su volumen y, al cabo de cuatro o cinco días les habrán nacido unos
brotes de 2 o 3 centímetros. Hay que dejarlos crecer hasta que alcancen de 10 a 15
centímetros.
Para comerlos no hace falta separar los brotes de los granos ya que,
reblandecidos durante este tiempo, son igualmente comestibles. Si se desea, puede
separarse la piel, que habrá quedado arrugada, lavándolos a fondo. Pero si no preocupa
su aspecto, no es preciso separarla toda vez que también tiene valor nutritivo y no
altera el sabor del resto de los granos.
Estos granos germinados son muy ricos en vitaminas, especialmente en
vitamina C, y pueden consumirse crudos, en ensalada, solos o con otras verduras, cocidos,
fritos, en tortilla, etc. Si se desea consumirlos crudos y que no crujan al masticarlos,
basta calentarlos ligeramente en el horno unos momentos antes de servirlos.
d) Sojas verdes
Se echan las sojas con sus vainas en agua hirviendo durante cinco
minutos, dejándolas luego enfriar. Entonces, presionando las vainas, se extraen
fácilmente las granas, las cuales se enjuagan y se cuecen en agua y sal como si
fuesen habichuelas tiernas granadas.
También se pueden cocer en sus vainas de 25 a 30 minutos, dejar
enfriar, y extraer las granas, que se pueden dejar cocer 5 o 10 minutos suplementarios.
Pueden servirse calientes, adicionándoles mantequilla o simplemente
aliñándolas con aceite de oliva. Frías y mezcladas en la ensalada son también
muy apetitosas.
e) Aceite de soja
Prensada por procedimientos industriales, la soja proporciona un
excelente aceite que posee una concentración de ácidos grasos esenciales del 59 %, no
superada por ninguna otra grasa vegetal o animal.
El aceite de soja entra en muchos aceites de mesa y sirve para
preparar margarinas y mayonesas industriales.
f) Copos de soja
Con los residuos de las semillas o granos de soja, una vez extraído
el aceite, se obtienen copos muy parecidos a los de avena. Contienen muchas proteínas y
pocas grasas. Como las sémolas, los hay de diversos gruesos.
g) Harina y sémola
También por procedimientos industriales, se obtienen de los granos
de soja sémolas y harinas de color crema y sabor dulzón que recuerda ligeramente el de
las nueces.
Lo más importante de esta harina es su contenido en aminoácidos,
especialmente lisina, metionina y triptófano:
Arginina |
7,1% |
Fenilalanina |
5,7% |
Histidina |
7,3% |
Treonina |
4,0% |
lsoleucina |
4,7% |
Triptófano |
1,2% |
Leucina |
6,6% |
Valina |
4,2% |
Lisina |
5,8% |
Cistina |
1,9% |
Metionina |
2,0% |
Tirosina |
4,1% |
Tanto la harina como la sémola, conviene consumirlas recién
molidas, conservándolas el menos tiempo posible y siempre en lugar fresco y seco, pues el
aceite que contiene se enrancia fácilmente.
Con la harina de soja se elaboran cintas sevillanas, macarrones y
toda clase de pastas de sopa. También se utiliza para espesar salsas, preparar bizcochos,
pastelería, helados, sopas preparadas, cacaos, etc.
h) Pan de soja
Los chinos y los japoneses se sirven de la harina de soja para los
mismos usos que en Europa se utiliza la harina de trigo y, en especial, para preparar pan.
Adicionando harina de soja en una proporción del 25 % a la de trigo
o cebada, se obtiene un pan riquísimo, de miga algo morena, sabrosa y muy esponjosa, y de
corteza dorada como la del pan de Viena.
También es apta esta harina para la elaboración de pan de
especias. En los Estados Unidos es utilizada para este fin.
i) Leche de soja
Es un alimento consumido por millones de occidentales. En algunos
comercios especializados se encuentra envasada en botes, pero puede prepararse en casa.
Reemplaza perfectamente la leche de vaca. Para prepararla, se ponen en remojo los granos
de soja durante 48 horas, después de lo cual se enjuagan y trituran tan fino como sea
posible. Se echan en un recipiente que pueda ir al fuego y se les añade 5 o 6 veces su
volumen en agua caliente, poniéndolo todo a calentar hasta que hierva durante un cuarto
hora.
Basta entonces pasarlo por un tamiz muy fino para obtener la leche
de soja, que comparada con las leches animales, resulta más rica en nitrógeno y posee
una no menos importante cantidad de caseína (37,5 %).
Esta leche puede utilizarse tal cual para la confección de cremas,
potajes, salsas y repostería. Para tomarla como bebida, se le añade un poco de sal y
azúcar o, si se desea, miel, cacao, grosella, etc.
j) Requesón y queso de soja
La leche de soja cuaja añadiéndole jugo de limón o dejándola
fermentar. Con jugo de limón se obtiene un requesón muy apreciado por los chinos
americanos. La fermentación natural da un producto que recuerda el queso blanco.
Para elaborar el queso de soja, se cuecen en agua sin sal granos o
habas de soja, recién desgranados. Cuando están casi cocidos, se retira la mayor parte
del agua a fin de que solamente los cubra. Se dejan cocer lo suficiente para que queden
muy blandos y se echan en un recipiente donde se guardarán hasta el día siguiente, que
presentarán un aspecto de jalea.
Se ponen otra vez a calentar y se separa el caldo, decantándolo.
Los granos se desmenuzan pasándolos por un tamiz fino. El puré obtenido se junta
nuevamente con el caldo decantado, obteniéndose así una jalea vegetal muy rica en
legumina, sustancia muy similar a la caseína, de la que únicamente difiere por sus
productos de descomposición.
Se echa en esta jalea un poco de leche animal o de levadura para
producir su fermentación y se saca. Se escurre sobre un tamiz y se divide en porciones la
masa obtenida, dejándolas en reposo para que se haga el queso, siguiendo el uso habitual.
Este queso se denomina mi-sou, en China, y teon-sou, en Japón.
k) Extracto de soja
Consiste en un condimento culinario, forma en la que quizá son más
consumidas las sojas por los orientales.
La preparación es minuciosa: Se cuecen las habas tiernas hasta que
resulta un residuo muy concentrado. Separadamente se cuecen, con diversos condimentos las
vainas tostadas. Se mezclan las dos cocciones y se vuelven al fuego, a fin de concentrar
todavía más la mezcla, que se guarda en frascos tapados herméticamente.
Este extracto o salsa de soja se emplea para aumentar el
sabor de
los aderezos culinarios. Unas gotas añadidas a una sopa de verduras, la hace
mucho
más
sabrosa. Se utiliza también para dar cuerpo a salsas y estofados y para sazonar
las
ensaladas.
Es un producto muy rico en nitrógeno.
l) Carne de soja
Por su complicación, no puede hacerse en casa, toda vez que
requiere un utillaje industrial.
El producto obtenido, verdadera carne vegetal, tiene una apariencia y
sabor que recuerdan el jamón ahumado cocido. Esta carne puede ser consumida tal cual,
fría o calentada, y se utiliza para preparar bocadillos, entremeses, etc.
La soja, cultivo del futuro
La soja, cuyo nombre deriva de la palabra sou, es originaria
de Filipinas. Se cultiva desde tiempos remotos en China, Manchuria y Japón, donde se le
da el título de honorable alimento. Después de estos países, el principal
productor es los Estados Unidos de América.
En el Instituto Médico de Pekín han sido catalogadas más de 5.000
variedades de soja. Algunas crecen fácilmente en terrenos áridos y cálidos, otras
crecen en climas más húmedos y fríos, pero todas tienen el gran mérito de no ser
atacadas por los insectos.
En nuestro continente, el clima más favorable para la soja es el
que es adecuado para la viña o el maíz, pero existen variedades que podrían adaptarse a
cualquier otra clase de terrenos.
En el Libro de sustancias medicinales, de She-Nou, y en el de
Sma-Juang, se habla ya de las sojas como alimento y medicamento, por lo que hace por lo
menos 5.000 años que es utilizada esta planta.
El Museo de Historia Natural de Francia catalogó la soja en 1779
pero no llegó al público hasta 1880, en que fue importada y vendida por la casa
Vilmorin, de Paris.
En los Estados Unidos empezó a cultivarse en 1888. En 1917, el
sabio alemán Fürstenberg predijo que la soja era una planta que revolucionaría la
alimentación de la Humanidad. En aquella época, Europa importaba las sojas
principalmente de Manchuria.
Fue en este mismo año 1917 cuando las sojas comenzaron a cultivarse
en España, gracias a los esfuerzos del arquitecto de Tortosa D. Juan Abril Guanyabens,
enfermo de diabetes, al que el doctor Manegat, director del Balneario de Caldes de
Malavella, le había recomendado este nuevo alimento para paliar su enfermedad. En 1918
publicó en el periódico barcelonés La Veu de Catalunya los espectaculares
resultados del cultivo de esta planta y sus saludables efectos nutritivos.
La productividad de las sojas es enorme, sobre todo la de semilla
verde, obteniéndose de 1.000 a 1.500 kilogramos de grano por hectárea en cultivos de
secano y hasta el doble en regadío. La paja oscila entre 3.000 y 4.000 kilos por
hectárea y, cultivada como forrajera, puede producir de 20.000 a 40.000 kilogramos por
hectárea. Para forraje se utilizan todas las partes de la planta.
El aceite de soja no sólo sirve para alimentación, sino también
para la fabricación de jabones, pinturas, barnices, lubricantes, insecticidas,
plásticos, tintas para imprenta, etc. Su lecitina y su caseína tienen también numerosos
usos industriales.
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