Vitamina A
¿Qué es
la vitamina A?
La vitamina A es una sustancia de naturaleza oleosa espesa, incolora
o de color ligeramente amarillo que cristaliza en forma de agujas. Esta sustancia ha sido
denominada también axeroftol o factor antixeroftálmico.
¿Dónde se produce?
En las sustancias vegetales, en forma de carotinoides. Pero para que
estas sustancias o provitamínas se transformen en verdaderas vitaminas han de ser
absorbidas precisamente por vía intestinal y sufrir un desdoblamiento en el hígado,
transformación que es favorecida por la vitamina E.
Si por cualquier circunstancia, como puede ser la ausencia de grasas
y bilis, no se hace la absorción de los carotinoides por vía intestinal, su ingestión
resulta totalmente inútil e inaprovechable, debiendo recurrir entonces a alimentos de
origen animal que aporten la vitamina ya elaborada. Hay que tener en cuenta que la
cocción, esterilización y conservación de los alimentos destruye la vitamina A.
Absorción y almacenamiento
La absorción de la vitamina A propiamente dicha va ligada a la de
las grasas. Entre un 25 y un 30 % es destruido por el jugo gástrico. Del 70 al 75 %
restante absorbido, un 50 % es utilizado inmediatamente por el organismo y el 20 % queda
almacenado en el hígado, que es su principal reservorio.
Las reservas hepáticas varían según el estado nutritivo y
digestivo de la persona. Son particularmente bajas en el recién nacido; aumentan durante
la lactancia, pero no son suficientes hasta después del destete. Vuelven a bajar por
debajo del nivel normal cuando hay hepatitis y díarreas crónicas.
¿Cuáles son sus funciones?
Factor indispensable a la vida, constituye en primer lugar el de
crecimiento, asegura la protección de los epitelios, regula la formación de queratina e
interviene en el metabolismo de los hidratos de carbono, favoreciendo su transformación
en grasas. Una de las funciones más importantes de la vitamina A se relaciona con el
proceso de la visión, y, en especial, con el de adaptación a la oscuridad.
Necesidades diarias
La O.M.S. (Organización Mundial de la Salud) recomienda las
siguientes cantidades en Unidades Internacionales:
Bebés de menos de un
año |
1500-3000 U. l. |
Niños |
2000-4000 U.l. |
Adolescentes de 13 a
20 años |
5000-6000 U.l. |
Adultos |
4000-5000 U.l. |
Mujeres embarazadas o
lactando |
6000-8000 U.l. |
Estas raciones son más bien elevadas. Muchos especialistas sólo
prestan atención al mínimo indispensable para evitar la carencia, pero es preferible
propugnar la racion que asegure el máximo de vitalidad.
Trastornos producidos por falta de vitamina A
La privación de vitamina A observada como consecuencia de la guerra
y también en tiempo de paz en niños pequeños alimentados con leche descremada en polvo
o exclusivamente con harinas, da como resultado las siguientes manifestaciones:
Trastornos digestivos debidos a la ausencia de ácido clorhídrico
en el jugo gástrico; diarreas.
Lesiones cutáneas (sequedad de la piel y de las mucosas).
Hemeralopía o falta de agudeza visual en la penumbra o en la
oscuridad en personas aparentemente sanas.
Si la avitaminosis persiste durante mucho tiempo, el cuadro es
completado con:
- Retraso en el crecimiento, tanto en la talla como en el peso.
- Xeroftalmia. En esta afección, la conjuntiva pierde el brillo,
luego se hace opaca y finalmente se producen ulceraciones en la córnea.
Trastornos producidos por exceso de vitamina A
La moda de las vitaminas ha llevado a algunas madres a administrar
con excesiva abundancia aceite de hígado de bacalao a sus hijos sin que lo hubiera
recetado el médico.
El abuso de la vitamina A ha provocado en estos casos efectos
opuestos a los esperados, registrándose un retraso en el desarrollo óseo y, en
consecuencia, en el crecimiento del niño. Defendiéndose contra el exceso de vitamina, el
organismo no ha podido aprovechar los beneficios que le habrían proporcionado la
ingestión en cantidades normales.
CONTENIDO
EN VITAMINA A (expresada en U.l.)
EN 100 GRAMOS DE DIVERSOS ALIMENTOS |
| |
| |
U.I. |
|
U.I. |
| Aceite de hígado de pescado |
85.000 |
Queso Emmenthal |
4.000 |
| Hígado de ternera |
27.000 |
Queso Gruyére |
4.000 |
| Hígado de pollo |
24.000 |
Berros |
4.000 |
| Hígado de buey |
19.000 |
Queso Camembert |
3.600 |
| Perejil |
18.000 |
Endivias |
3.600 |
| Diente de león (hojas) |
14.000 |
Achicoria |
3.600 |
| Colinabo (hojas) |
10.000 |
Calabaza |
3.400 |
| Nabos (hojas) |
6.700 |
Melón |
3.400 |
| Espinacas |
6.000 |
Mantequilla |
3.300 |
| Zanahorias |
6.000 |
Orejones de melocotón |
3.250 |
| Yema de huevo cruda |
3.200 |
Chocolate a la taza |
170 |
| Albaricoque fresco |
2.800 |
Frambuesas |
150 |
| Hígado de cerdo |
2.700 |
Harina de soja |
140 |
| Anguila ahumada |
2.500 |
Ananás (piña fresca) |
130 |
| Leche en polvo (sin descremar) |
2.250 |
Grosellas |
120 |
| Queso de crema |
2.000 |
Col |
125 |
| Ciruelas pasas |
1.000 |
Leche de vaca |
130 |
| Lechuga (hojas verdes) |
1.600 |
Sojas |
110 |
| Lechuga (hojas blancas) |
500 |
Avellanas |
100 |
| Queso de parma |
1.300 |
Coliflor |
90 |
| Riñones de ternera |
1.200 |
Manzanas |
90 |
| Tomate |
1.100 |
Moras |
90 |
| Cerezas |
1.000 |
Ananás en conserva |
80 |
| Melocotón |
900 |
Uvas |
80 |
| Espárragos frescos |
800 |
Castañas |
80 |
| Espárragos en lata |
600 |
Higos frescos |
75 |
| Sardinas en aceite |
700 |
Higos secos |
60 |
| Judías tiernas o verdes |
700 |
Fresas |
60 |
| Guisantes tiernos |
700 |
Arenques frescos |
60 |
| Pimientos |
630 |
Atún en conserva |
60 |
| Sandía |
590 |
Gambas en conserva |
60 |
| Melocotón en almíbar |
450 |
Langostinos en conserva |
60 |
| Plátano |
450 |
Cebolla |
50 |
| Leche condensada |
430 |
Col de Bruselas |
50 |
| Ciruelas |
350 |
Uvas pasas |
50 |
| Sémola de maíz |
300 |
Lentejas |
40 |
| Salmón |
280 |
Patatas |
40 |
| Arándanos |
280 |
Leche descrernada en polvo |
40 |
| Alcachofas |
200 |
Rábanos |
30 |
| Pepinos |
200 |
Nueces |
30 |
| Naranjas |
190 |
Peras |
20 |
| Dátiles |
180 |
Truchas |
20 |
| Chocolate con leche (pastilla) |
175 |
Nueces del Brasil |
10 |
Carecen de vitamina A los siguientes alimentos:
Carnes, jamón, salchichas, manteca de cerdo, tocino, embutidos,
clara de huevo, bacalao, caviar, crustáceos, margarina, caldo en cubitos, aceite,
azúcar, miel, chocolate amargo, cacao, harinas (salvo soja), apio, almendras, cacahuetes,
confituras, jugo de limón, judías secas, arroz, avena, cebada, pan, pastas para sopa,
tapioca, caramelos, setas, vinos, licores, cerveza, cola.
Sobre la vitamina A
El año 1912 habla empezado con malos augurios en Inglaterra. Más
que por el hecho de ser año bisiesto, a lo cual las personas supersticiosas atribuyen mil
desgracias, por la intranquilidad debida a la sucesión de huelgas y lock-outs que
se registraron entre los marineros británicos. Tales conflictos laborales no favorecían
en nada el régimen alimenticio de las tripulaciones de los buques que en la tímida
primavera de aquellas latitudes era ya más bien pobre en verduras y frutas frescas. He
aquí la causa remota de la mayor catástrofe marina de todos los tiempos.
La noche del 14 al 15 de abril de aquel año, el Titanic atravesaba
majestuosamente el Atlántico en su viaje inaugural. Cuando Frederick Fleet entró de
vigía le mandaron que estuviese particularmente atento a los icebergs. Todo iba bien y
faltaba ya poco para que le relevasen cuando de pronto vio asomar algo por la proa.
Faltaban 20 minutos para la media noche. No le pareció gran cosa, pero 37 segundos más
tarde el transatlántico chocaba con la enorme masa de hielo y poco más de:dos horas
después se hundía arrastrando 1.500 vidas a las profundidades.
¿Por qué el vigía no había advertido el peligro? Se pudo
comprobar que no había bebido ni se había adormecido. El año anterior su examen de
vista había sido satisfactorio... Sin embargo, Fleet no había visto a tiempo la mole del
iceberg, que sobresalía de la superficie del mar una altura de más de 30 metros. ¡El
punto débil del Titanic, obra maestra de la arquitectura naval, había sido la
falta de vitamina A en la alimentación de uno de sus marinos!
La hemeralopia
Una de las capas de la retina está formada por una serie de
filamentos cilíndricos denominados bastones, los cuales se hallan recubiertos de
una materia colorante muy sensible a la luz. Esta materia colorante, descubierta por el
fisiólogo alemán F. Chr. Boll y conocida por el nombre de rodopsina o púrpura
visual se descompone por la acción de la luz, y se forma nuevamente gracias a la
vitamina A de la sangre. Si la sangre lleva insuficiente cantidad de vitamina A, la
regeneración no se produce normalmente, la visión en la oscuridad es deficiente y puede
disminuir tanto que se llegue a no ver en absoluto, en cuyo caso se dice que hay ceguera
nocturna o hemeralopía.
Es muy plausible la campaña de revisión de faros que la Jefatura
de Tráfico efectúa de cuando en cuando. Pero en buena lógica, tanto o más importante
que aquella revisión sería el examen periódico de los automovilistas, candidatos a la
ceguera nocturna si su ración de vitamina A es deficitario.
De la guerra al amor
Durante la batalla de Inglaterra, no solamente los pilotos de la
R.A.F., los vigías de la marina, los piquetes de alerta de la defensa pasiva, sino todos
y cada uno de los ingleses, hombres, mujeres o niños, se sentían responsables cada noche
del cielo de la Gran Bretaña, amenazado por los aviones de la Luftwaffe. Fue entonces
cuando Churchill, conocedor de que los bioquímicos acababan de descubrir el mecanismo por
el cual la vitamina A, elemento básico de la púrpura retiniana, asegura la visión
nocturna, dirigió una campaña de propaganda gubernamental en favor del consumo de
zanahorias. Todos los vigías de Inglaterra se atiborraron de esta hortaliza. Y si no se
ha podido comprobar que adquirieran, como esperaban entonces los especialistas, una
agudeza de visión nocturna más intensa de lo normal, lo cierto es que el aporte de las
pro-vitaminas vegetales fue extraordinariamente favorable para la salud física y
psíquica de la población.
Las inglesas, por su lado, comprendieron rápidamente el provecho
que podían sacar en beneficio de su tez y de su tono vital. Según declara el profesor
Thomas Moore, director del Laboratorio de Higiene Alimentaría de Cambridge, las
zanahorias se pusieron tan de moda que hubo algunas mujeres que llegaron a consumir dos o
tres kilogramos por semana. El resultado fue un esplendoroso aumento de rostros radiantes
-en la medida que lo permitían los altibajos de la guerra-, y un indudable aumento en el
coeficiente del sex-appeal, gracias a la mayor tersura de la tez, el mayor brillo
de los ojos y una más cariñosa disposición de ánimo.
La vitamina A es utilizada actualmente en grandes cantidades por la
industria de productos de belleza y los especialistas dermatólogos la utilizan
corrientemente para combatir comezones, acné y otras enfermedades de la piel. Pero sus
propiedades abarcan muchos otros campos y ofrecen resultados sorprendentes en el
tratamiento de la hipertensión, los trastornos de la menopausia, los accidentes
prostáticos y en la prevención de la fiebre del Heno.
Uno de los jefes de laboratorio del Instituto Pasteur, de París,
afirma haber observado un mejoramiento en el estado general de las ratas sometidas a
cáncer experimental, e incluso algunas curaciones, gracias a la vitamina A.
En una clínica de Cassel (Francia), después de un tratamiento con
esta vitamina se pudo registrar una mejora de más del 20% en la capacidad auditiva de 249
personas sordas, sobre 300 a las que había sido aplicado.
La vitamina A es uno de los más maravillosos tónicos de la
vitalidad que la Naturaleza proporciona. Cuando.se consume bajo forma de caroteno vegetal,
proporcionado por las hojas verdes de las plantas, donde se halla íntimamente asociado a
la clorofila, o en los hermosos frutos de color amarillo, es como si hiciéramos penetrar
en el organismo todo el beneficio de las radiaciones solares.
En su forma animal, es en el hígado de los animales marinos donde
se acumula en mayor cantidad. Para.ello, se cumple una maravillosa cadena biológica que
va desde la energía del sol y de la riqueza del suelo y del mar a las algas, que la
aprovechan y traspasan a los minúsculos crustáceos que viven de estas algas y que, a su
vez, sirven de alimento a los bacalaos, ballenas, atunes, rodaballos y otros peces. El
hombre, finalmente, absorbe un extracto de sus hígados para aprovechar aquella vitamina y
redistribuirla a su sangre, a su piel, a su médula, a sus ojos, y, sobre todo, a sus
glándulas sexuales...
No deberia sorprendernos que sea en las glándulas y en el semen del
hombre en plena virilidad, en los ovarios de la joven en plena madurez, que el organismo
alcanza su máxima concentración de carotenos y de vitamina A. Desde los primeros
estadios de su vida fetal, el embrión humano, no pudiendo recibir todavía ninguna
energía exterior, tiene necesidad de esta vitamina que regula su metabolismo y dirige su
crecimiento.
En los fetos de animales sometidos a avitaminosis total se observan
innumerables malformaciones: ausencia o subdesarrollo de los ojos, labios leporinos,
hidrocefalia, etc. Desgraciadamente, todavía se dan más casos de los que generalmente se
cree de mujeres embarazadas que no absorben la necesaria cantidad de vitamina A. Es
frecuente, en estos casos, que el recién nacido presente trastornos de la piel, entre
ellos, la íctiosis, es decir, piel provista de escamas como las de los peces.
Durante muchos años, la vitamina A ha sido conocida como factor de
crecimiento y de ahí las enormes cantidades de aceite de hígado de bacalao que se ha
administrado a los niños. Pero hoy se sabe, de manera más precisa, que esta vitamina es
el factor clave del desarrollo de la superficie de los tejidos, en particular de las
glándulas internas, así como del calibre de los huesos. Por ello se explican sus
virtudes de regeneración y de cicatrización de la piel, incluso en el caso de heridas
graves y de quemaduras profundas, igual que su papel de protector contra los agentes
infecciosos.
Pero es en la pubertad,
sobre todo, cuando tiene plenamente la función estimulante de la sexualidad y de
preparación para la reproducción.
Contrariamente a la opinión corriente, no es en la primera
infancia, sino en la pubertad y en el embarazo, cuando más necesaria es la alimentación
rica en vitamina A. Su función excitadora de la hipófisis, fuente hormonal del deseo
sexual, está plenamente aceptada.
El profesor Guggisberg, director de la Clínica Ginecológica de
Berna (Suiza), afirma que después de treinta años de experiencia, los trastornos de la
función sexual le permiten reconocer la falta de vitamina A mucho antes que los síntomas
clásicos de ceguera nocturna o de desecación de la córnea. Y añade que, para restituir
a sus pacientes la integridad de sus funciones sexuales, pone la vitamina A a la misma
altura que las hormonas específicas, por lo que respecta a su eficacia, y muy por encima
en cuanto a comodidad e inocuidad.
Siendo un estimulante del deseo sexual tan potente, se comprende que
también acudan a esta vitamina los maridos conscientes de su responsabilidad como tales.
La regla de oro
Para obtener de la vitamina A todo el beneficio posible, la regla de
oro es absorberla exclusivamente en forma de alimento. En los Estados Unidos, donde el
consumo de vitamina A es diez veces superior al consumo del resto del mundo, el Journal
Medícal Association advierte que no existen en el mercado preparados vitamínicos que
puedan, ni de lejos, rivalizar con una alimentación sana y variada.
Esta advertencia deberían tenerla en cuenta muchas madres que
llevadas de su excesivo celo y sin siquiera consultar al pediatra, administran a sus hijos
dosis varias veces superiores a las normales, dando lugar a que se produzcan
hipervitaminosis, cuyos síntomas son: labios agrietados, picazón en todo el cuerpo,
crecimiento desordenado de los huesos e hipertrofia del higado.
Por muy beneficiosa que sea la vitamina A, no hay que olvidar que
todos los abusos son perjudiciales.
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