Vitamina C
¿Qué es la vitamina C?
La vitamina C es conocida también como ácido ascórbico. Su
composición química fue descubierta en 1932 por los químicos Szent-György y Svirbely,
en Hungría.
¿Cuáles son sus funciones?
La vitamina C es un factor de crecimiento y posee una importancia
determinante en el funcionamiento normal de todas las células del cuerpo humano debido a
que constituye un transportador de hidrógeno para diferentes cadenas de reacciones
orgánicas, tales como la degradación de los glúcidos, la oxidación de ácidos grasos,
el metabolismo de los aminoácidos, etcétera.
Esta acción metabólica parece ejercerse más particularmente sobre
aquellos procesos en los que interviene el oxígeno, por lo que puede considerarse la
vitamina C como favorecedora de la respiración celular. Sobre esta propiedad se basa su
efecto tónico.
Independiente o paralelamente a su papel catalizador, tiene una
influencia reguladora sobre diferentes sistemas fermentativos (fosfatasa, ureasa, etc.) y
favorece la asimilación intestinal del hierro.
Interviene, además, en el metabolismo y funcionamiento
de las
glándulas endocrinas (hipófisis, ovarios, tiroides, suprarrenales) así como en
sus correlaciones hormonales, dando lugar a sinergia con ciertas hormonas (gonadotropinas)
y a
antagonismo frente a otras (tiroxina)
Tiene un papel
importante aumentando la resistencia a las infecciones, inactivando las toxinas,
favoreciendo la formación de anticuerpos, elevando el poder fagocitario de los leucocitos
y ejerciendo una acción bacteriostática y bactericida.
Tiene igualmente propiedades antitóxicas y antialérgicas.
Finalmente, influye beneficiosamente sobre la formación de sustancias intercelulares,
como el colágeno del tejido conjuntivo, la oseína y la dentina
Necesidades diarias
El organismo humano no puede sintetizar ni almacenar mucho tiempo
esta vitamina, por lo que tiene que ingresarla mediante el aporte alimenticio.
Las necesidades diarias para un adulto normal oscilan entre los 40 y
los 70 miligramog. Estas necesidades son menores en los niños pequeños pero son mayores
en determinadas épocas de la vida, pudiendo establecerse la siguiente tabla de
necesidades aproximadas:
Miligramos diarios |
|
De 1 mes a 1 año |
De 10 a 30 |
De 1 a 3 años |
De 15 a 35 |
De 3 a 5 años |
De 20 a 50 |
De 5 a 10 años |
De 25 a 60 |
De 10 a 13 años |
De 30 a 75 |
Niños de 13 a 15 años |
De 40 a 90 |
Muchachas de 13 a 20 años |
De 35 a 80 |
Muchachos de 15 a 20 años (sobre todo si practican |
deportes) |
De 45 a 100 |
Adultos con trabajos ligeros |
De 40 a 70 |
Adultos con trabajos intensos |
De 45 a 100 |
Mujeres embarazadas |
De 45 a 100 |
Mujeres lactantes |
De 50 a 100 |
Las necesidades de esta vitamina son también mayores en
los meses
de abril y mayo y, sobre todo, al iniciarse el invierno.
Trastornos producidos por la falta de esta vitamina
Cuando el aporte de vitamina C es insuficiente, la formación de la
sustancia fundamental de diversos tejidos mesenquimatosos sufre perturbaciones de orden
cualitativo y cuantitativo. Esto se traduce en un aumento de la permeabilidad capilar,
difícil cicatrización de las heridas, insuficiente retención del calcio, defectuosa
formación de los huesos, dentina y esmalte dentario.
Las funciones celulares se perturban dando lugar a fatiga anormal,
disminución de la capacidad de esfuerzo, falta de apetito, trastornos digestivos y
notable disminución de la resistencia a las infecciones.
En los niños se produce, además, un retraso en el crecimiento.
Cuando la avitaminosis o carencia de vitamina es intensa, puede
aparecer la anemia hipocrómica y, finalmente, el escorbuto en jóvenes y adultos o la enfermedad
de Sarlow en el lactante.
Aporte de la vitamina C en los alimentos
La vitamina C se halla en numerosos alimentos pero su aporte al
organismo no depende solamente de la cantidad contenida en ellos, sino también de su
distinta caducidad y del modo de preparar dichos alimentos.
Hay que tener en cuenta, además, que no toda la vitamina que se
ingiere es aprovechada por el organismo, toda vez que un 50 % de la misma es destruida a
causa de la alcalinidad del medio intestinal.
Aparte de esto, de todas las vitaminas, la C es la más delicada e
inestable. No sólo no soporta determinadas manipulaciones culinarias (cocción, salazón,
fermentación, etc.), sino que se disuelve fácilmente en el agua y se pierde también si
está en contacto con el aire. Es por ello que caduca mucho más rápidamente en las hojas
de las verduras que en el interior de las frutas.
Efectos de la manipulación culinaria
La vitamina C resiste bastante bien la congelación y la desecación
pero, en cambio, no resiste la temperatura elevada ni la cocción prolongada.
He aquí los efectos de diversas formas de preparación culinaria:
Patatas. - Fritas en rodajas muy delgadas (chips) su pérdida
de vitamina C es prácticamente total. Fritas en trozos de un centímetro de grueso,
la
pérdida es de un 50 %.
Peladas y cortadas en grandes trozos, después de 10 minutos de
ebullición presentan una pérdida de un 30 %. Puede recuperar un 10 % que se encuentra en
el agua de cocción. La pérdida real es, pues, del 20 %.
Cocidas rápidamente al vapor antes de quitarles la piel, conservan
toda su vitamina C o pierden una cantidad insignificante.
Pimientos. - No sufren prácticamente pérdida ni al cocerlos
ni
al asarlos, pero si se fríen se destruye un 70 % de su vitamina C. La escasa
pérdida que
se produce al cocerlos se recupera casi totalmente en las aguas de cocción.
Tomates. - Cocidos enteros tampoco experimentan pérdida de vitamina
C, pero al freírlos pierden más del 40
Coliflor - Al cocerla, la pérdida oscila entre 55 % (5 minutos)
y 80 %
(10 minutos), recuperándose en el agua entre un 15 y 40 %, lo que da una destrucción
real aproximada del 40
Espínacas. - Al cocerlas pierden un 75-80 % de vitamina
C, pero
en las aguas de cocción se encuentra un 40-45 %, por lo que la destrucción real
es
aproximadamente del 35 %.
En general puede decirse que la pérdida de vitamina es proporcional
al tiempo de cocción, a la temperatura y a la superficie exterior de los vegetales
(cuanto más pequeños son los trozos, mayor es la superficie expuesta).
Si al cocer los vegetales se les añade bicarbonato, la vitamina que
pasa al agua de cocción queda totalmente destruida.
Vitamina C sintética
Conociéndose la fórmula de esta vitamina, puede elaborarse
sintéticamente y proporcionarla en forma de medicamento. No obstante, siempre es
preferible la vitamina natural toda vez que ésta se halla en combinación con
albuminoideos en forma de ascorbígeno. Un ejemplo de ello es el complejo vitamínico C de
la patata tierna, que está integrado por tres compuestos vegetales:
Ascorbígeno 70%
Acido ascórbico 18%
Acido dihidroascórbico 12%
Además, se ha comprobado que la incorporación de la vitamina C al
organismo requiere la presencia de oxidasas, sustancias que son proporcionadas
precisamente por las verduras y frutas.
CONTENIDO EN VITAMINA C (expresado en miligramos) EN 100 GRAMOS DE DIVERSOS
ALIMENTOS |
| |
Frutas |
| |
mg |
|
mg |
| Acitinidias |
300 |
Moras |
14 |
| Acerolas |
275 |
Albaricoques |
12 |
| Limón (corteza) |
150 |
Plátanos |
10 |
| Limón (jugo) |
54 |
Melocotones |
9 |
| Grosellas |
130 |
Membrillos |
8 |
| Pomelos |
85 |
Cerezas |
7 |
| Fresas |
80 |
Melones |
6,5 |
| Naranjas |
62 |
Castañas |
6 |
| Naranjas (corteza) |
90 |
Peras |
5 |
| Naranjas (jugo) |
50 |
Uvas |
4 |
| Piña (ananás) |
45 |
Manzanas |
3,5 |
| Limas |
40 |
Nueces, avellanas |
3,5 |
| Frambuesas |
28 |
Pasas |
1 |
| Mandarinas |
25 |
Almendras |
0,5 |
| Arándanos |
16 |
Ciruelas pasas |
0,5 |
| |
Verduras y hortalizas |
| |
| |
mg |
|
mg |
| Berros |
200 |
Espinacas |
42 |
| Perejil |
190 |
Achicorias |
40 |
| Pimientos |
170 |
Cardos |
39 |
| Acedera |
125 |
Espárragos |
36 |
| Cebolletas |
120 |
Tomates |
30 |
| Hojas de rábano |
115 |
Guisantes tiernos |
26 |
| Diente de león |
100 |
Patatas tiernas |
25 |
| Col de bruselas |
70 |
Cebollas |
24 |
| Coliflor |
68 |
Endivias |
14 |
| Brécol |
65 |
Lechugas |
8 |
| Col |
55 |
Zanahorias |
4 |
El escorbuto
Concretamente debido a la falta de vitamina C, una grave enfermedad
azotó desde antiguo a la Humanidad: el escorbuto. Ya Hipócrates describe todos sus
síntomas. Por su parte, el historiador francés Jean de Joinville, que tomó parte en las
Cruzadas, da testimonio de los estragos que la misma enfermedad causaba entre los
soldados, contribuyendo al fracaso de aquella operación militar.
En 1489, en su viaje a las costas de Mozambique, Vasco de Gama vio
morir de escorbuto a cien de los 160 marinos que llevaba consigo.
Cuando en 1534 Jacques Cartier desembarcó en el Canadá, todos sus
marinos y soldados padecían escorbuto, del que les libraron los nativos mediante
infusiones de una planta parecida al alerce.
Durante siglos, esta temible enfermedad se ensañaba sobre los
siervos miserables, los habitantes de poblaciones sitiadas, y los exploradores y
navegantes que no tenían la posibilidad de avituallarse de alimentos frescos.
Los síntomas de esta enfermedad, ligeros al principio, van
acentuándose hasta acabar con la vida del enfermo. Consisten en languidez, debilidad
general, anemia, decoloración, inflamación
y hemorragias de las encías.
El rostro toma entonación plomiza, el aliento es fétido. Las hemorragias se hacen más
generales (digestivas, auriculares, etc.) y hay gran tendencia a las equimosis
(cardenales).
Aparecen manchas negruzcas en los miembros, en especial los inferiores. Finalmente
aparece
adelgazamiento intenso y fiebre.
El nombre de escorbuto se deriva del ruso skrobota y del
danés scorbets, términos que significan ulceraciones bucales, principal síntoma
de la enfermedad.
Los efectos de la vitamina C contra esta enfermedad son
espectaculares. Se cita el caso de un marinero que cuando no se conocía todavía la
existencia cle esta vitamina, enfermó de escorbuto, a diferencia de sus compañeros que
se mantuvieron sanos probablemente por seguir una alimentación más completa que el
marino enfermo. Temiendo que contagiara al resto de la tripulación, el capitán ordenó
desembarcarlo con unas cuantas provisiones en un pequeño islote deshabitado.
Afortunadamente, como luego se verá, tuvo la contrariedad de tropezar y derramar el agua
que se le había dejado para beber. Empujado por la ardiente sed, se puso a masticar
algunas hierbas que crecían entre las rocas. Como explicó al ser recogido por otra
embarcación, poco a poco sintió renacer sus fuerzas y recuperó por completo la salud.
La vitamina C
A la vista de esta y de otras experiencias, ya en 1601 el navegante
inglés James Lancaster fue quien primero sospechó que el escorbuto podía ser debido a
una carencia en la alimentación de los marinos y, empíricamente, indicó que se
estableciera como obligatorio el zumo de limón como preventivo y curativo del escorbuto
entre los tripulantes de los barcos de la Compañía de las Indias Orientales.
Casi simultáneamente, el navegante español Sebastián Vizcaíno,
en sus viajes de exploración a las costas de Méjico, hacía acopio de fresas, como
remedio para el escorbuto.
En 1757, el capitán Lind publica su libro Treatise on Scurvy en
el que preconiza las virtudes que sobre el escorbuto ejercen los zumos de limón y
naranja.
Siguiendo sus consejos, el capitán Cook, en sus viajes al
hemisferio sur desde 1761 a 1779, en que murió atacado por los indígenas, establecía
personalmente el menú de sus marinos, haciendo entrar en él preponderantemente los
limones, las naranjas y la choucroute.
En 1907, los sabios americanos Holst y Fróhiich, consiguieron
producir el escorbuto en cobayos de laboratorio simplemente alimentándolos sin otro
alimento que avena y arroz. Pero si a este régimen añadían una sola zanahoria, los
síntomas de la enfermedad desaparecían como por encanto. Era evidente que se trataba de
una enfermedad por carencia alimenticia.
En 1912, Funck elaboró un preparado de vitamina C que impedía el
escorbuto. Pero todavía tendrían que transcurrir algunos años para que se descubriera
cuál era el misterioso factor que disipaba de manera tan espectacular aquella carencia.
Esto fue obra de un sabio húngaro, Szen-Gyórgy, quien tras una
serie de laboriosos y muy notables esfuerzos estudian lo procesos de óxidoreducción,
logró en 1928 aislar 20 gramos de una sustancia cristalina, caracterizada como un ácido
hidrosoluble de estructura simple, que tiene propiedades enérgicamente reductoras, es
decir, que es capaz de descomponer diversas sustancias a fin de apoderarse de su oxígeno.
Gracias a esta propiedad tiene -como luego se ha sabido- un papel capital en las
oxidaciones celulares.
De momento, sin embargo, no se identificó este ácido con la
vitamina C, que seguía siendo desconocida. La identificación la hizo el propio
Szent-Gyórgy ayudado por Swirbelly, en 1932, lo que valió al primero la concesión del
Premio Nobel de Medicina en 1934, como verdadero artífice de la conquista para la ciencia
de la vitamina C.
Empleo en terapéutica
En 1933, dos sabios suizos lograban fabricar sintéticamente la
vitamina C, primera utilizada en terapéutica en grandes dosis. Los autores, si bien
reconocen la importancia de la vitamina C sintética, no son partidarios de ella. Fundan
sus escrúpulos en que a veces el personal de expediciones polares o las tropas destacadas
en climas donde no es posible la alimentación vegetal fresca, sufrieron a la larga
síntomas de escorbuto, a pesar de administrárselas abundantes cantidades de ácido
ascórbico. Sin embargo, al añadir a su dieta vegetales frescos (frutas, hortalizas) o en
su defecto hojas de abedul o acedera machacadas, desaparecieron aquellos síntomas. Esto
parece demostrar que la vitamina C natural va asociada a alguna otra sustancia, como por
ejemplo la citrina, que no se halla en la vitamina sintética.
Si bien el escorbuto en el adulto ya no se da en nuestro país, en
los bebés alimentados demasiado exclusivamente de leche y harinas, todavía se halla el
escorbuto bajo el nombre de enfermedad de Barlow. Se caracteriza por la pérdida
del apetito, un paro en el desarrollo y hemorragias. Si el bebé no tiene todavía
dientes, no hay inflamación de las encías. No se puede contar, pues, con este síntoma
tan característico del escorbuto en el adulto.
La enfermedad de Barlow es rara en los niños criados al pecho. Pero
menos en los niños criados artificialmente. Fueron descubiertos los primeros casos en el
Japón, con el empleo extendido de leches conservadas.
Se previene esta enfermedad añadiendo a la leche, a partir del
primer mes, un poco de jugo de naranja. Más adelante pueden añadírsela abundantes
verduras frescas finamente trituradas.
Tres vegetales casi desconocidos son tesoro de vitamina C
La importancia que la vitamina C tiene para la salud, es ya de
dominio público. En cambio, es curioso comprobar el despiste que existe, en general, con
respecto a las fuentes de esta vitamina. Si se pregunta a una persona cuál es el alimento
más rico en vitamina C, lo más corriente es que responda: ¡El limón!
El limón, en efecto, es rico en esta vitamina. Pero lo son más los
pimientos, el perejil y los berros, que llegan a proporcionar hasta 200 miligramos por 100
gramos.
Pues bien: hay otros tres vegetales cuya riqueza en vitamina C está
muy por encima de esta cifra. Son las acerolas, las actinidias y el escaramujo.
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