Vitamina K
¿Qué es la vitamina K?
Es una sustancia cuyo aspecto físico a temperatura normal es el de
un aceite amarillo y que a 20º bajo cero se solidifica en forma de cristales. Es
insoluble al agua y soluble en las grasas.
Muy sensible a la luz y al calor, esta vitamina es destruida en gran
parte al hervir los alimentos que la contienen, así como al almacenarlos, perdiéndose
totalmente si tales alimentos se enrancian.
Descubierta en 1936 por el danés H. Dam, que venía investigando
desde 1929 sobre la causa de determinadas hemorragias, y por cuyo descubrimiento le fue
otorgado el premio Nobel en 1943, la vitamina K fue elaborada sintéticamente en 1939 por
Fieser.
Se le dio el nombre de Vitamina K, por ser un factor de coagulación
(koagulation, en el idioma de su descubridor). También se la conoce por filoquinona,
menadiona, naftoquinona y otras denominaciones que se aplican según pequeñas
variantes químicas de esta vitamina.
Para la valoración de la misma se han utilizado muy diversas
unidades, siendo la más utilizada la Unidad Dam. Sin embargo, modernamente se va
sustituyendo esta valoración por la de miligramos o microgramos (gammas), mucho más
práctica.
Equivalencia:
1 microgramo de Vitamina K = 12.000 unidades Dam.
Necesidades diarias
Se estima que el hombre adulto debe ingerir en la alimentación 100
microgramos de vitamina K para su normal funcionamiento, pero esto es muy difícil de
determinar por cuanto esta vitamina es sintetizada por las bacterias del intestino grueso
(colibacilos), en el curso de su metabolismo.
En cambio, el recién nacido puede presentar falta de vitamina K
debido a que su función celular hepática se halla desarrollada de modo incompleto y por
no disponer todavía de una flora intestinal que la sintetice en su tubo digestivo.
El amplio aporte de vitamina K en la última fase del embarazo -y
mejor todavía el proporcionado por una dieta adecuada en todo el transcurso de la
gestación- evitará no sólo el riesgo de hemorragias post-partum en la madre, sino
también la carencia de ella en el recién nacido. Hasta tal punto tiene esto importancia
que se considera que buena parte de las muertes en bebés de dos o tres días se deben a
hemorragias intracraneales que la vitamina K podría haber evitado. Conviene, sin embargo,
que este aporte vitamínico lo reciba la madre a través de los alimentos y por la
síntesis biológica y no por inyección. Los profesores Biskind y Herman han señalado
que si inyecta vitamina K a la futura madre y el parto sucede poco después; el recién
nacido, especialmente en prematuros, puede padecer una elevada y peligrosa bilirrubinemia
(ictericia).
En los adultos, las necesidades de vitamina K son mayores en el caso
de perturbaciones hepáticas y en la hipertensión. Antes y después de las operaciones
quirúrgicas, también es aconsejable acumular la mayor cantidad posible de vitamina K
para ayudar a protegerse del peligro de posibles hemorragias post-operatorias. El
tratamiento preventivo con adecuados aportes de vitamina K, que mantiene normal el tiempo
de coagulación, tiene probada eficacia.
¿Cuáles son sus funciones?
La vitamina K, tanto si procede de los alimentos que la
proporcionan, como si es sintetizada por los colibacilos del intestino, al mezclarse con
las secreciones biliares puede atravesar las paredes de la mucosa intestinal y es
conducida por la sangre hasta el higado, donde preside el proceso enzimático de
formación de protrombina, factor esencial para el mantenimiento normal de la coagulación
sanguínea.
Trastornos producidos por falta de vitamina K
Los primeros síntomas del déficit de vitamina K son frecuentes en
primavera y en personas que no toman alimentos portadores de la misma, por lo que se
hallan con sus reservas agotadas. Consisten en frecuentes hemorragias subcutáneas e
intramusculares que denuncian una discrasia (alteración de la sangre) por carencia
de dicha vitamina.
Estas hemorragias
aparecen principalmente en las encías al cepillarse los dientes o en la nariz, al menor
golpe o refregamiento y, a veces, por el solo hecho de sonarse. También aparecen
fácilmente cardenales (hematomas) a consecuencia de golpes, presiones o simples
rozaduras.
Se distinguen estas hemorragias de las producidas por falta de
vitaminas C y P porque estas últimas son debidas a deficiente nutrición de los capilares
y se producen espontáneamente, cosa que no ocurre con las hemorragias por hipovitaminosis
K, que necesitan siempre de un traumatismo, por pequeño que sea, que las desencadene. En
cambio, estas hemorragias se caracterizan por su incoercibilidad.
La falta acentuada de vitamina K conduce regularmente a trastornos
de la coagulación sanguínea y a una enfermedad hemorrágica rápidamente mortal.
Causas que pueden determinar falta de vitamina K
La falta de vitamina K es casi imposible cuando los órganos
digestivos funcionan perfectamente. Pero puede producirse por las siguientes razones:
- Por no ingerir alimentos que la proporcionan y ser insuficiente o
nula la sintetizada por los colibacilos intestinales. Téngase en cuenta que la
administración continuada de sulfamidas o antibióticos destruye la flora intestinal.
Entre estos últimos, los que mayores estragos causan en dicha flora son: cioromicetina,
terramicina, aureomicina y neomicina.
- Por existir un déficit de secreción biliar o alteraciones
intestinales que dificultan su absorción. En caso de esprue, diarreas y otros
trastornos intestinales, no es rara la observación de esta avitaminosis. También es
causa frecuente de ella la ausencia de bilis en el intestino debida a ictericia, toda vez
que las secreciones biliares son indispensables para la absorción de las vitaminas
liposolubles.
Hay que advertir que puede darse el caso de que la vitamina
K, a
pesar de recibirse, absorberse y llegar a las células del hígado en cantidad
abundante,
resulte inoperante. Esto ocurre cuando existen en la víscera hepática lesiones
que
imposibilitan la formación de protrombina. Debido a la enfermedad del hígado,
el proceso
enzimático falla y se produce lo que los médicos denominan falsa hemofília
de los
hepáticos.
Por otra parte hay pacientes con cifras normales de protrombina que
tienen tendencia a sangrar, sin que la vitamina K tenga eficacia alguna para la coerción
de sus hemorragias. Tal es el caso de quienes sufren hemofilia, púrpura o enfermedades de
los órganos hematopoyéticos.
Finalmente hay que decir que existe antagonismo entre la vitamina A
y la vitamina K. Un exceso de vitamina A produce falta de protrombina, que hay que
corregir con un tratamiento de vitamina K.
Modo más aconsejable de ingerir vitamina K
La vitamina K se halla principalmente en los alimentos verdes. Su
contenido suele ser proporcional al de la clorofila. Es por esto que en publicaciones
naturistas se recomienda a veces el consumo de alfalfa como excelente aporte de vitamina
K.
Hay que advertir, a este respecto, que es necesario escoger
cuidadosamente y lavar repetidamente en agua abundante las hojas y los tallos totalmente
sanos, dando preferencia a los brotes tiernos de primer corte.
Se desecharán las plantas que no sean de color verde acentuado o
que presenten alteraciones o manchas amarillentas. Esto es muy importante porque la
alfalfa es a veces atacada por un hongo microscópico que tiene la propiedad de alterar
las sustancias contenidas en la planta y conferirles efectos hemorrágicos.
Una vez seleccionada y limpia, la alfalfa puede comerse junto con
tomates, espinacas, hojas de col, perejil y otras verduras, en forma de ensalada aliñada
con aceite y zumo de limón.
VITAMINA K (expresada en gammas)
CONTENIDA EN DIVERSOS ALIMENTOS Y PLANTAS POR CADA 100 GRAMOS
Hojas castaño Indias |
6.700 |
Tomates verdes |
800 |
Espinacas |
4.600 |
Tomates maduros |
400 |
Col, coliflor, ortigas |
3.300 |
Majuelas maduras |
300 |
Alfalfa |
2.500 |
Cañamones |
300 |
Agujas de pino |
1.700 |
Sojas |
200 |
Algas |
1.200 |
Fresas maduras |
120 |
Hígado de cerdo |
800 |
Guisantes tiernos |
100 |
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