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Zumos de frutas y verduras

    Conocido y aceptado por todo el mundo el valor que para la salud tienen las vitaminas, es sorprendente que muchas personas ignoren que una bebida altamente vitaminada puede obtenerse fácilmente con el consumo de jugos vegetales.

    Según cuenta el célebre nútrólogo americano Gayelord Hauser, existía en Carisbad (Checoslovaquia) un sanatorio al que acudían pacientes aquejados de dificultades en la digestión. Allí fue donde, en 1926, aprendió la importancia de los jugos de verduras crudas. Rodeaban el establecimiento extensos y fértiles campos de los que se cosechaban abundantes zanahorias, perejil, espinacas y apios, así como, de los árboles frutales, manzanas, peras y otras frutas, según la estación. Cada mañana, sor Carolina, jefe de las enfermeras, recibía ceremoniosamente estos vegetales, húmedos de rocío, y en seguida una gran actividad se iniciaba en la cocina. Las verduras eran lavadas y sumergidas en agua muy fría. Las zanahorias y otras raíces eran raspadas hasta quedar completamente limpias. Las hojas eran lavadas al agua corriente. Después, por medio de molinillos manuales, estos vegetales tan frescos eran molidos a fin de extraerles su precioso jugo.

    Sor Carolina hablaba con arrobamiento de este jugo al que ella denominaba la sangre de las plantas. «La magia verde de la clorofila -decía- es el medio más rápido para curar a los enfermos subalimentados o excesivamente nutridos». Y todos los días, a media mañana, un buen vaso de 250 gramos de jugos frescos era dado a cada. uno de los pacientes, muchos de los cuales eran extranjeros que habían acudido a dicho sanatorio tratando de hallar curación a sus colitis, úlcera, trastornos de hígado, de la vesícula biliar, etc.

    Por su parte, el profesor Cheney, de California, obtuvo la curación en quince días de numerosos casos de úlcera, dando a tomar diariamente a sus pacientes medio litro de jugo vegetal compuesto de tres cuartas partes de jugo de col y de una parte de jugo de apio. Era la primera vez que los jugos de verdura eran reconocidos oficialmente. Pero, ¿por qué únicamente los de col y de apio? Como señala Bircher-Benner, todos los jugos de verduras tienen un maravilloso poder curativo, no solamente a causa de las vitaminas y de los minerales que contienen, sino a causa de sus materias vivas, con las que ningún químico puede competir.

    Para hacer crecer las jóvenes plantas, hacen falta la tierra, el sol, el aire y el agua, es decir, las más poderosas fuerzas de la Naturaleza. No debe sorprendernos que los jugos vivos y frescos de estas verduras tengan un tal poder de curación.

    Para las personas de edad avanzada, estos jugos de verdura son doblemente preciosos, puesto que evitan la dificultad de la masticación, siendo aconsejable que los tomen sorbiéndolos a través de una pajilla, a fin de beber más lentamente y evitar flatulencias intestinales. Bajo esta forma líquida pueden consumir verduras que, si no, tendrían que desechar por falta de buena dentadura.

    No es fácil, por ejemplo, para una persona centenaria, comerse cinco zanahorias, pero no hay ninguna dificultad en que se beba su jugo. Por otra parte, en forma de jugo, también son mejor toleradas por personas que, sin ser de edad avanzada, tienen delicado su aparato digestivo.

    Al extraer el jugo de las verduras se aprovechan casi todos sus minerales y vitaminas, cosa que no ocurre con la cocción, que los destruye en gran parte. Por otro lado, estos jugos son deliciosos y constituyen el medio más fácil y cómodo de añadir al régimen cotidiano vitaminas, minerales, enzimas y, quizás, hormonas y otros factores todavía desconocidos.

    Esto no quiere decir que pueda abusarse de estas bebidas. Es prudente no sobrepasar el consumo de un litro al día.

 

Cómo preparar estos jugos

    Si se posee una huerta, hay que coger las verduras y hacer el jugo lo antes posible. Si han de comprarse, conviene ir directamente al cultivador y escoger las verduras más frescas.

    Las hojas deben ser de color verde oscuro. El apio debe ser pesado y tierno. Las zanahorias deben ser de color dorado oscuro y no amarillo pálido. Más que una u otra clase de verdura, lo que importa es que sean frescas.

    Lávense cuidadosamente las verduras, pero no se dejen en remojo, ya que con ello se echarían a perder las vitaminas B y C. Basta con enjuagarlas bien debajo del grifo.

    Las zanahorias y otras raíces no deben mondarse, sino simplemente rasparse, cortándolas seguidamente en pequeños trozos para que puedan ser triturados en el molinillo para verduras.

    Es muy importante que los jugos vegetales se guarden en recipientes de vidrio o de acero inoxidable. Jamás debe hacerse en recipientes de cobre, estaño, plomo o aluminio, pues podrían alterar peligrosamente su composición.

    Es aconsejable beber el jugo recién obtenido, pero si no se consume totalmente, puede guardarse bien tapado y en el refrigerador.

    Los jugos de espinaca, perejil y berros pueden resultar picantes o ásperos. En este caso conviene mezclarlos con jugo de zanahorias, de apio o de manzana. Algunas gotas de jugo de limón, de naranja o de piña tropical (ananás) mejoran también el sabor.

Jugo de zanahorias

Para evitar que pierda su hermoso color, se le añaden algunas gotas de jugo de naranja. Todo el mundo puede beber este jugo, salvo las personas que temen engordar. Recuérdese que un vaso de este jugo contiene casi dos cucharaditas de azúcar. Además, es rico en vitaminas A, B, C, y en minerales: calcio, hierro e incluso yodo.

    Este jugo es recomendable para personas de estómago y de intestinos poco activos, en razón del mucilago que contiene. Puede mezclarse el jugo de zanahorias con cualesquiera otros jugos, para mejorar el sabor de éstos.

Jugo de apio

    Abre el apetito y facilita la digestión. Hay que utilizar los troncos verdeoscuros, más ricos en clorofila. Las hojas, en cambio, dan un sabor algo amargo. Puede compensarse añadiéndole jugo de zanahoria y algunas gotas de jugo de limón o de piña tropical.

    El jugo de apio contiene las vitaminas A, B, C y E, y apreciable cantidad de los minerales sodio, potasio y cloro. Es una bebida excelente para quienes desean adelgazar y para enfermos de reumatismo. Puede mezclarse con muchos otros jugos.

Ensaladas liquidas

    Constituyen una parte importante de las curas aplicadas en la famosa clínica suiza de Bircher-Benner. En ella, los pacientes, cualquiera que sea su edad, toman dos vasos de estas ensaladas, al día.

    Consisten estas ensaladas líquidas en la combinación más variada posible de toda clase de verduras: apio, zanahoria y tomates o bien berros, manzanas y perejil. Todas ellas tienen un sabor delicioso. También es muy apreciada la mezcla de lechuga, col, apio, pepino, tomate y pimiento.

    Como aliño, bastan algunas gotas de limón y una pizca de sal yodada, sal extraída de las algas marinas y que se puede encontrar en casas de alimentos de régimen (conviene tomarla con moderación).

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Cóctel Gayelord Hauser

    Se prepara cortando en cantidades iguales apio verde-oscuro, zanahorias doradas y manzanas rojas. La mezcla se pasa por la licuadora y del jugo obtenido se toman tres vasos al día.

    Esta deliciosa bebida contiene casi todas las vitaminas y, además, minerales, enzimas y clorofila, constituyendo un magnífico seguro de salud y vida.

Los zumos de fruta ofrecen:

   - Amplia variedad

    - Riqueza vitamínica

    - Salud y energía

Propiedades generales de los zumos de fruta

    Los zumos de fruta son un líquido vivo, manantial de salud, de vigor y de placer. Desde hace algunos años, los médicos del mundo entero vienen considerando los zumos de fruta como alimento de ahorro gracias a los azúcares que aportan, casi exclusivamente en forma de glucosa, que es fácilmente transformada en el organismo en glicógeno, que pasa a ser almacenado en el hígado y en los músculos, para ir siendo utilizado a medida que lo requieran las necesidades orgánicas.

    Tienen además el papel de alimento de ahorro en cuanto compensan el gasto de grasas ya constituidas y contribuyen a formar nuevas reservas de ellas, al mismo tiempo que evitan la desasimilación endógena de las materias nitrogenadas.

    Los jugos de fruta mejoran la ración alimentaría completándola y equilibrándola. No son solamente alimentos energéticos, como el pan, sino alimentos protectores.

    Gracias a su tenor elevado en glucosa y en fructosa, los jugos de fruta, eventualmente diluidos, constituyen la bebida de trabajo ideal, la bebida de sostén del deportista durante el esfuerzo.

    En caso de inanición (desmayo por falta de alimento) y en la acetonemia de los niños, el jugo de uva es la bebida de elección a causa de su alto poder alcalinizante.

    Por esta misma razón es recomendable en todos los regimenes sin sal, sin importar cuál es su indicación (eczema, acné, urticaria, tuberculosis, etc.).

    En los regimenes de los enfermos, los jugos de fruta se han revelado como auxiliares preciosos para la curación, particularmente en las enfermedades del riñón, del hígado y del corazón, en las que permiten obtener resultados espectaculares.

    Por otra parte, los zumos de fruta pueden constituir un elemento terapéutico. La dieta que algunas afeccíones agudas exigen (tifoidea, paratifoidea, escarlatina y todo estado febril continuado) se acomoda perfectamente a la absorción de zumos de fruta.

    Dos razones principales militan en favor de estos zumos:

    1 - El azúcar natural que proporcionan asegura una nutrición elemental.

    2 - Las vitaminas (A y C, principalmente) ayudan al organismo a defenderse contra la enfermedad.

    En algunas enfermedades crónicas resulta muy beneficiosa una cura de zumos de fruta. Pasar de cuando en cuando un día sin otro alimento que zumo de fruta es muy útil en las curas de adelgazamiento.

    Los zumos de fruta convienen particularmente a los operados. Deberían hacer parte integrante de su régimen, sobre todo para los operados del abdomen, ya que son mucho mejor soportados que los alimentos putrescibles, como la carne, que además requiere esfuerzo digestivo.

    Por esto los zumos de fruta son considerados como alimentos casi perfectos de los que tanto las personas sanas como los enfermos pueden usar y abusar sin peligro, hallándose muy indicados en casos de neuritis agudas o crónicas, insuficiencia cardíaca, enfermedades del hígado, afecciones gastro-intestinales y, sobre todo, para personas débiles, niños enclenques, convalecientes y tuberculosos.

    Sólo hay una afección en la que algunos zumos de fruta no son indicala diabetes. Su riqueza en azúcares los hace prohibitivos cuando existe esta afección. No obstante, la diabetes puede ser combatida mediante un régimen con muchas ensaladas y frutas juiciosamente escogidas, principalmente manzanas.

Los zumos en la primera infancia

    El bebé necesita tomar zumos de fruta para recibir el necesario aporte de vitamina C, que se calcula en 45 miligramos diarios.

    La dosis de zumo de fruta ha de ser mayor si el niño es alimentado artificialmente ya que la leche de la madre ya contiene una determinada cantidad de aquella vitamina.

    La cantidad de zumo de fruta a dar al bebé también depende de su edad. No conviene dárselo en excesiva cantidad ya que ello puede ocasionarle trastornos digestivos (diarreas, deposiciones deshechas, abdomen hinchado, sonoro, gases). También puede producirle crisis de urticaria y eczema. Depende también de la tolerancia del bebé. Los zumos de uva y de naranja suelen ser los mejores tolerados, pero aun estos, si se les da en exceso, siendo muy ricos en azúcares, pueden dar lugar a fermentaciones y a acumulación de ácido láctico, lo que a su vez puede repercutir en una mala asimilación del calcio y, si persiste, en raquitismo.

    El pediatra orientará, en cada caso, sobre la clase y cantidad de zumo de fruta a administrar al bebé.

Los zumos y la fiebre

    La fiebre es el resultado de una combustión aumentada de las sustancias energéticas. El corazón, ese motor que envía la sangre a todos los órganos, late más rápidamente y con mayor energía consumiendo glucosa, el más simple de los azúcares y su único combustible.

    La acidez de los humores es aumentada, lo que se señala por un aumento de ácido úrico en la orina. El organismo tiene, pues, urgente necesidad de sustancias alcalinas que le permitan combatir esta acidez que lo pone en peligro. En efecto, la acidosis es una de las complicaciones temibles que impiden al organismo defenderse eficazmente contra la infección. Corresponde a un verdadero envenenamiento que por sí solo, en casos extremos, puede entrañar la muerte.

    Se trata igualmente de neutralizar los residuos tóxicos y otros venenos producidos durante la enfermedad. Este papel incumbe, en gran parte, a las vitaminas.

    Por otra parte, el enfermo tiene necesidad de alimentarse y, además, en las enfermedades febriles pierde mucha agua por la transpiración. Este agua debe ser reemplazada para permitir al organismo seguir eliminando desechos y otros venenos y evitar un nuevo aumento de la temperatura, que podría llegar a ser excesivo. Por esto la sed aumenta, y por esto conviene administrar al enfermo zumos de fruta, que tienen la particularidad de responder admirablemente a todas las necesidades del organismo en fiebre: proporcionan rápidamente el combustible asimilable, los alcalinizantes, las vitaminas y el agua, actuando así no solamente como alimento, sino como verdadero remedio.

    Convienen tanto más cuanto no requieren casi ningún esfuerzo digestívo, precisamente en un momento en que los órganos de la digestión rehúsan hacerlo. En efecto, la desgana que siente el enfermo por los alimentos indica que el organismo no está en estado de digerirlos y asimilarlos. Por esto sólo le apetece y es el momento de darle, mezclados con agua y según la estación, zumos de limón, naranja, fresas, ciruelas, cerezas, guindas, frambuesas, moras y uvas, a condición de que estos frutos estén bien maduros.

    Porque son alcalinizantes y ricos en vitaminas, los jugos de estas frutas son netamente superiores a los caldos, infusiones azucaradas, jarabes, bebidas gaseosas y, sobre todo, a las bebidas fermentadas. El único alimento que se aproxima en virtud a los zumos de fruta son los zumos y caldos de verduras.

Los zumos y los riñones

    En la nefritis aguda (inflamación aguda del riñón) es donde los zumos de fruta se manifiestan como el remedio soberano, reemplazando definitivamente la leche, que con demasiada frecuencia transforma la nefritis aguda en nefritis crónica, incurable.

    Pero también en las nefritis crónicas avanzadas (uremia), el régimen compuesto de zumos de fruta y de frutas crudas, completado, más adelante, con verduras cocidas, ensaladas, patatas y mantequilla, permite obtener mejoras extraordinarias, casi sorprendentes, incluso en enfermos a los que sólo se daban algunos meses de vida y que después de este régimen viven todavía varios años proporcionando un trabajo si no físico, por lo menos intelectual.

    En la ausencia casi completa de sodio (sal común o de cocina), la pobreza de proteínas y su tenor elevado en sustancias alcalinizantes y en vitaminas, es a lo que hay que atribuir esta notable acción de los zumos de fruta sobre la función renal.

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Los zumos y el corazón

  Merece especial mención la notable acción de los zumos de fruta, y en particular el de uva, en las insuficiencias cardíacas agudas y crónicas. La ausencia casi completa de sodio le da las propiedades de un excelente diurético y su tenor elevado en glucosa, las de un cardiotónico natural, toda vez que el músculo cardíaco, para contraerse, ha de consumir glucosa.

    Se citan casos de enfermos de insuficiencia cardíaca crónica, aparentemente incurables, tratados por todos los medios durante largo tiempo, lo que no impedía que su enfermedad siguiera agravándose. Presentaban una manifiesta dificultad para respirar, rostro hinchado, tez cianótica, labios azules, hígado en ástasis, derrames pleurales e importantes edemas en las piernas y en los muslos. Bastó hacerles guardar cama durante 48 horas y administrarles como único alimento dos decilitros de zumo de uva cinco veces al día, para provocar una diuresis abundante, con una mejora espectacular.

Los zumos y el hígado

    También en el hígado los zumos de fruta ejercen una acción de las más bienhechoras.

    Particularmente el zumo de uvas, del que se ha dicho que pone el hígado en superactividad, constituye un potente estimulante de sus funciones gracias a su tenor en glucosa. Es curioso que, precisamente el zumo de uva, constituye uno de los mejores antídotos contra los graves daños causados por el vino y otras bebidas alcohólicas, principalmente causas de la temible cirrosis.

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